Todas sabemos que la medicina no se ha ocupado de estudiar los efectos de ciertos tratamientos en la mujer adecuadamente y aunque, por suerte, ya se empiezan a dar pasos para que esto cambie, aún queda mucho por hacer.

La medicina como ciencia ha reconocido la diferencia sexual en la teoría, pero no en la práctica que es donde realmente prevalece y cobra todo su sentido. Una de las razones por las que ha pasado esto en las últimas décadas, además de por el reduccionismo del pensamiento masculinizado en muchos profesionales de la sanidad, es porque los laboratorios y las distintas instituciones investigadoras ahorraban tiempo y dinero limitando los estudios realizándolos solo en hombres. Estudios cuyos resultados han extrapolado a toda la población, cuando en ningún caso representan a la mujer, es decir, no están teniendo en cuenta a más de la mitad de la población aunque se presentan como si lo hicieran.

Por tanto, hemos tenido durante demasiado tiempo mujeres sobremedicadas para distintas dolencias, con dosis muy superiores a las que les corresponden, o directamente mal diagnosticadas. Por suerte, como decía, desde hace algunos años esto está cambiando.

Sobre esto recomiendo leer la obra de Carme Valls Llobet, reconocida médica española, y en especial su libro “Mujeres invisibles para la medicina”. Desconozco si dicha publicación está en los planes de estudio de medicina de las universidades españolas, pero de no ser así, están tardando en incluirlo. Sin esa base y esa perspectiva médica basada en la diferencia sexual (no de género), no podemos avanzar en la dirección correcta cuando se trata de la salud de las mujeres.

Alguien podrá decir que, efectivamente, desde la ginecología se ha estudiado la reproducción femenina ampliamente, y esto es correcto, pero solo eso, es decir, la mujer, más allá de los procesos relacionados con la reproducción, incluido el inicio y el fin del período fértil, no ha existido para la medicina hasta hace muy poco. 

Si esto ha pasado con la ciencia médica, tan extendida y profesionalizada, ¿qué creéis que ha pasado con la práctica de yoga? Pues que la tradición postural de base es marcadamente masculina y fue diseñada en su momento por hombres y transmitida principalmente por ellos dentro de un sistema casi siempre autoritario y jerarquizado, cuyo estudio y desarrollo, al igual que con la medicina, se extrapoló a las mujeres sin tenerlas en cuenta. Una práctica postural que aún no ha sabido cuestionar seriamente esa tradición partiendo de la diferencia sexual anatómica y fisiológica que claramente existe entre hombres y mujeres. No hay más que observar las fotos de las posturas de algunos manuales que suponen la base de tradiciones fuertemente arraigadas en el origen de la práctica de yoga como la conocemos hoy.

Por supuesto que el yoga que se practica desde esas escuelas, aún sin tener en cuenta esto, es beneficioso para hombres y mujeres, pero para la mujer lo sería aún más si realmente partiera de una concepción y conciencia femenina corporal y fisiológica al respecto.

Esto es lo que propongo con Yoga en Femenino. Una práctica adaptada a la mujer, personalizada y fruto de mi estudio y de la experiencia de práctica propia y de enseñanza a las alumnas que he tenido el placer de acompañar en estos últimos años. 

El próximo sábado 7 de junio tienes la oportunidad de asistir a la práctica abierta en grupo que organizo junto a la comunidad de mujeres MÖVMAD en el Parque del Retiro en Madrid. Las plazas son limitadas.

Si quieres saber más visita Yoga en Femenino al aire libre

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