Siguiendo una recomendación de la gran historiadora Mary Beard, he dado con un libro cuya lectura he disfrutado muchísimo y que me apetece recomendar desde aquí: Herland o El País de las mujeres de Charlotte Perkins Gilman (no confundir con el de Gioconda Belli).

El libro está escrito en 1915, hace 111 años, pero podría haber sido escrito ayer. Supone una demostración más de la fuerza y la claridad del pensamiento feminista de muchas mujeres en una época en que muchas de nuestras bisabuelas eran forzadas a casarse siendo niñas con hombres que no conocían y obligadas a vivir una vida sobre la que no podían decidir, una especie de cárcel bien vista por una sociedad enferma en proceso de recuperación. Voces como las de Charlotte Perkins Gilman serían más adelante silenciadas por toda una serie de acontecimientos donde la violencia en todas sus formas destruyó la vida de millones de personas a través de regímenes autoritarios y guerras mundiales.

La historia cuenta la exploración de tres hombres en un país habitado exclusivamente por y para las mujeres, alejado del resto de países, de difícil acceso, con una organización y características diferentes a lo que estamos acostumbradas. Es una utopía donde la autora refleja muy bien el choque entre la libertad femenina llevada a la práctica en comunidad y la esclavitud en la que se ha convertido el mundo que conocemos y que ha estado y está dirigido principalmente por hombres en cuanto a organización social e institucional se refiere. 

En la historia hay cosas que la autora resuelve de forma dudosa que probablemente escandalicen a más de una con la piel muy fina, pero al ser una utopía, es la libertad de imaginar de la autora la que manda. Los hombres sienten incredulidad y perplejidad ante todo lo que han conseguido las mujeres sin ellos durante dos mil años, llegando a menospreciarlo al principio, pero finalmente reconociendo y admirando profundamente ese nuevo mundo que les devuelve la esperanza en la humanidad, y del que ellos también quieren formar parte.

Si hay algo que debo destacar en esta novela es la demostración de que la ausencia de los hombres supone la ausencia de la violencia, sobre todo de la violencia institucionalizada que ha pautado la vida social y sometido a la mujer de diversas formas. En el país de las mujeres esa violencia simplemente no existe. Por supuesto que pueden surgir entre ellas conflictos por distintos intereses, pero siempre se resolverán de una manera pacífica y racional.

Ese es, en mi opinión, el mayor triunfo del país de las mujeres de Charlotte Perkins Gilman. Siendo esta historia una utopía, presenta una realidad que todas sabemos; que la cooperación y la colaboración (no la competencia ni la confrontación) son la base de cualquier sociedad que pretenda evolucionar, esto es, una sociedad que se base en el cuidado y aspire al crecimiento y al progreso continuo de quienes la componen. Una sociedad que neutralice la violencia como herramienta de poder.

Portada de la edición española de Herland (El país de las mujeres) de Charlotte Perkins Gilman

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