Creo en una manera de enfocar el desarrollo de la práctica de yoga que toma como referencia las características anatómicas y los procesos fisiológicos propios de la mujer, teniendo en cuenta distintos aspectos que tradicionalmente en muchos casos han sido omitidos por esta y otras disciplinas.
Hasta hace muy poco, tanto la actividad física como toda cuestión relativa a la salud y el bienestar ha tomado siempre de referencia al hombre, su psicología, su cuerpo y las afecciones o procesos que intervienen en él, sin contar con que estos procesos no afectan de la misma forma ni en la misma medida, o no tienen por qué coincidir con los procesos propios de la mujer.
En los últimos años he centrado mi estudio y mi práctica en este sentido. Asimismo, existe toda una tradición filosófica y de pensamiento desarrollada por mujeres que no se suele dar a conocer, puesto que no ha sido la voz que imperaba en los círculos oficiales, muy al contrario, ha sido ignorada y omitida por muchos y apoyada por muy pocas.
No obstante, esto no ha hecho sino incrementar mi interés y esfuerzo a la hora de rescatar todo aquello que alimenta desde hace tiempo mi conocimiento, experiencia y manera de transmitir el yoga como una disciplina que pone el cuidado y el bienestar físico y mental de las personas como prioridad de manera general, y el de las mujeres en particular a través de mis sesiones privadas.
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